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sábado, mayo 18, 2024

30 años sin Frank Zappa


En el impresionante Musée de la Musique, de París, que reúne más de 9.000 instrumentos originales de todas las épocas, hay en el sector dedicado al siglo XX uno particularmente llamativo, un enorme sintetizador E-mu, plagado de botones y consolas. El ejemplar del Museo fue diseñado especialmente para Frank Zappa en 1976 y es uno de los dispositivos más elaborados y complejos jamás fabricados por E-mu. Fue donado en 1992 por el músico unos meses antes de su temprana muerte por cáncer (el 4 de diciembre de 1993, a los 52 años), y el texto que acompaña al instrumento informa que Zappa lo utilizó especialmente en su tema “Frogs with Dirty Little Lips”, del álbum Them or Us, lanzado en 1984.

La presencia de ese instrumento en un lugar prominente de una colección tan vasta y prestigiosa es representativa de la importancia de la música de Frank Zappa, un guitarrista, cantante y compositor que excedió largamente las fronteras del rock para conformar un cuerpo de obra monumental, con más de un centenar de discos y composiciones, que no se parecen a nada ni a nadie que no fuera el propio, inconfundible sonido Zappa. En todo caso, el hecho de que el sintetizador E-mu del Musée de la Musique esté acompañado por unas sirenas e instrumentos de percusión, también de Zappa, pueden dar una idea de las primeras influencias en sus composiciones, principalmente la del francés Edgar Varèse​,  una música que llegó a sus oídos casi por casualidad, en su temprana adolescencia.

Pero ese fue apenas el punto de partida para un músico único e inclasificable, que siempre desafió todo tipo de fronteras. Las musicales propiamente dichas, cruzando estilos y géneros, pero también las del mercado, enfrentándose a las compañías discográficas (hasta que creó sus propios sellos musicales), y la de la censura de los medios de difusión, las emisoras de radio y TV particularmente, a las que provocaba con letras que iban más allá del sexo y la escatología para adentrarse en el campo de la más ácida crítica social. No hubo un autor más satírico que Zappa sobre el “American way of life” y los “mass media”, que incluía por supuesto la cultura del rock, sus estrellatos y sus “groupies”. Podría decirse que Zappa fue en el siglo XX lo que Jonathan Swift en el siglo XVIII: una pluma que era también un estilete.

Ya en su primer LP, el legendario Freak Out! (1966) -considerado el primer álbum doble conceptual del rock- el tema inicial, “Hungry Freaks, Daddy”, decía: “Mr. América, pasa por sus escuelas que no enseñan / Mr. América, camina por las mentes que no serán alcanzadas / Mr. América trata de esconder el vacío que tienes dentro / Pero una vez que descubres la forma en que mentiste / Y todos los trucos cursis que probaste / ¡No evitarás la marea creciente de freaks hambrientos!”

Zappa junto a The Mothers of Invention, en 1966.

La paradoja de ese primer disco, realizado junto al grupo The Mothers of Invention -un conjunto que ya existía con otro nombre pero al que él dio vuelta como una media y lo hizo propio- es que la música tenía todos los condimentos básicos del rhythm and blues, el doo-wop y los blues rockeros de la época, a los que Zappa les añadió complejos arreglos orquestales y collages provenientes de la llamada “música concreta”, donde se utilizan sonidos pre-grabados y luego manipulados. Amén de las citas musicales, que luego fueron una constante en su obra, como por ejemplo “(I Can’t Get No) Satisfaction”, de los Stones en los acordes iniciales de la mismísima “Hungry Freaks, Daddy”.

La escena por entonces era la de Los Angeles de mediados de los años ’60, cuando soplaban fuerte los vientos de la contracultura, todavía se hacía sentir la influencia de la poesía beatnik y en la costa Oeste se expandían la psicodelia y el hipismo pacifista, de los cuales Zappa sería uno de los primeros en mofarse, porque todo, absolutamente todo lo que sucedía en la cultura popular de su país era examinado bajo la lupa de su humor vitriólico. En ese contexto, Zappa se dio a conocer de una vez y para siempre con una farsa mordaz sobre el rock y los Estados Unidos del momento. “Todas las canciones de Freak Out! se referían a algo en particular”, escribió años después en The Real Frank Zappa Book. “No era como si tuviéramos un simple exitoso y necesitáramos construir algo de relleno a su alrededor. Cada tema tenía una función dentro de un concepto satírico general”.

Pero California –donde había llegado a estar preso durante seis meses (“Mi mejor educación política fue en la cárcel”, contó alguna vez)- no disfrutaba ni comprendía su música ni su humor corrosivo. Decidió entonces mudar su banda a Nueva York e hizo del Garrick Theater su base de operaciones, con shows prácticamente todas las noches, donde experimentaba en vivo todo aquello que luego habría de llevar al vinilo. “A veces ensayábamos y tocábamos durante 10 o 12 horas seguidas, porque las composiciones de Frank eran muy complejas y él era un perfeccionista”, cuenta en el documental Zappa (2020) el saxofonista Bunk Gardner, que fue parte de esa etapa inicial de The Mothers of Invention.

Tanto como compositor y  guitarrista, Zappa fue un autodidacta y se formó escuchando a Webern, Stravinsky y Varèse (“Nunca me interesaron Beethoven ni Mozart”) y a los bluseros negros Clarence “Gatemouth” Brown, Guitar Slim, Elmore James, Lowell Fulson y Johnny “Guitar” Watson. Un gusto que compartía con su amigo de infancia Don Van Vliet, que luego se hizo conocido como el misterioso cantante y armonicista Captain Beefheart, con quien años después haría un potente disco en vivo titulado Bongo Fury (1975), además de colaboraciones ocasionales en Hot Rats (1969) y Zoot Allures (1976).

La lista de grandes álbumes de Zappa es casi incontable, porque el hombre iba creciendo y cambiando constantemente, como si fuera una usina desencadenada de ideas, a las que iba sumando instrumentistas virtuosos y texturas y colores inéditos en el campo del rock. Es el caso de la xilofonista Ruth Underwood, que integró las bandas de Zappa durante más de una década, entre 1967 y 1977, con puntos altos en los álbumes Over-Nite Sensation (1973), Apostrophe (‘) (1974), Roxy & Elsewhere (1974), One Size Fits All (1975) y el extraordinario disco en vivo (y retocado en estudio) Zappa in New York (1978), donde ella figura como percusionista y “a cargo de varios overdubs humanamente imposibles”. También se la puede ver en la película experimental 200 Moteles (1971), producida y dirigida por Zappa, el primer largometraje estadounidense realizado en cintas de video, lo que le permitió “intervenir” las imágenes del mismo modo que siempre alteró los sonidos, haciendo de las infinitas posibilidades de un estudio de grabación un instrumento más.

Los enfrentamientos con la prensa y la censura fueron una constante en la vida de Zappa, que irritaba a unos y a otros. A los primeros les dedicó una frase lapidaria, que nunca le fue perdonada: “La mayor parte del periodismo rock consiste en gente que no sabe escribir, que hace entrevistas a gente que no sabe hablar, para gente que no sabe leer”. Y a las discográficas que se resistían a promocionar sus álbumes, por sus canciones con alusiones a temas sexuales, les ofrendó la siguiente reflexión: “¿Qué podés pensar de una sociedad que es tan primitiva que se aferra a la creencia de que ciertas palabras en el lenguaje son tan poderosas que podrían corromperte en el momento en que las escuchás?”

De hecho, Zappa se embarcó en una cruzada personal contra la censura en los Estados Unidos. El 19 de septiembre de 1985, testificó ante un Comité del Senado de los Estados Unidos, atacando al Parents Music Resource Center (PMRC), una organización ultraconservadora cofundada por Tipper Gore, esposa del entonces senador Al Gore. El PMRC estaba formado por muchas esposas de políticos, incluidas las mujeres de cinco miembros del comité, fundado para censurar las letras de canciones con supuesto contenido sexual o satánico.

En su declaración pública en el Congreso, Zappa señaló: “La propuesta de la PMRC es una estupidez mal concebida que no ofrece ningún beneficio real a los niños, infringe las libertades civiles de las personas que no son niños y promete mantener a los tribunales ocupados durante años lidiando con problemas de interpretación y aplicación (…) Las demandas del PMRC equivalen a resolver el problema de la caspa con una decapitación. Un sistema de calificación, voluntario o no, abre la puerta a un desfile interminable de programas de control. ¿Qué pasaría si el próximo grupo de esposas de Washington exigiera una gran ‘J’ amarilla en todo el material escrito o interpretado por judíos, con el fin de salvar a los niños indefensos de la exposición a una doctrina sionista oculta?”

Para demostrar que no se quedaba en palabras, Zappa concibió un demoledor álbum triple, Joe’s Garage (1987), sin duda uno de los puntos más altos de su obra, una cáustica ópera rock narrada por una suerte de Big Brother orwelliano llamado “Central Scrutinizer” (el propio Zappa) que sabe hasta los secretos más íntimos de un muchacho de los suburbios de Los Angeles, que tiene tantos problemas con su banda de garaje como con las mujeres, y que termina siendo destruido psicológicamente por una sociedad distópica, autoritaria y punitiva. No hay institución –familia, religión, Estado- que se salve del humor ácido que Zappa distribuye a lo largo de un álbum en el que él brilla no sólo como guitarrista (fue sin duda uno de los más virtuosos en su instrumento, al que “sampleaba” de todas las maneras posibles) sino también como compositor, echando mano a toda la historia del rock, siempre con un festivo espíritu crítico (por caso, el prosaico tema “Why Does It Hurt When I Pee?” tiene el tratamiento del más solemne rock sinfónico).

Mientras continuaba publicando un disco detrás de otro a través de sus propias compañías discográficas, su obra era reconocida también en las salas de concierto y por los directores de orquesta más exigentes, como el indio Zubin Mehta y el compositor francés Pierre Boulez, quien con su Ensemble InterContemporain interpretó música de Zappa en el famoso IRCAM de París. En 1992, Zappa fue uno de los cuatro compositores (los otros tres fueron John Cage, Karlheinz Stockhausen y Alexander Knaifel) celebrados por el festival de música contemporánea de Frankfurt. Y en 1993, apenas un mes antes de su muerte, publicó su último álbum en vida (hasta el día de hoy siguen apareciendo nuevos registros y grabaciones): The Yellow Shark, un disco íntegramente orquestal con Zappa dirigiendo su propia música al frente del Ensemble Modern. “El conjunto es impresionante”, se entusiasmó en su momento Tom Waits, a modo de epitafio. “Hay claridad, locura y maestría. Es como si Frank tuviera a Elmore James en su hemisferio izquierdo y a Stravinsky en su lado derecho: domina la música con las herramientas más extrañas”. 

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