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lunes, julio 15, 2024

Intento de huelga policial: El día que Tucumán fue un caos

En las últimas horas círculó la noticia que se había desactivado un intento de huelga policial en la provincia, promovido en las redes sociales por miembros de la fuerza disconformes con las negociaciones salariales que se llevan a cabo.y según fuentes cercanas serían suboficiales y agentes que forman parte de la planta transitoria.

Esto trajo a la memoria de los tucumanos, la sedición policial que desencadenó los saqueos en 2013. La acusación recaía a un conjunto de uniformados que se habría organizado en grupos, tantos agentes en actividad como retirados de la fuerza de seguridad, para llevar adelante un autoacuartelamiento por un reclamo salarial. Esta medida fue la antesala de los saqueos a comercios y empresas durante ese mes muy violento.

Fue un 8 de diciembre, cuándo los integrantes de la Policía comenzaron con una huelga por un reclamo salarial que se extendió hasta el 11 de ese mes. Durante esos días, aprovechándose que los habitantes de la provincia estaban desprotegidos, una horda de delincuentes comenzó a saquear todo lo que encontraba en su camino. Los vecinos, en cambio, se armaron y colocaron barricadas para protegerse de los vándalos. En resumen: la provincia quedó envuelta en un profundo caos de enfrentamientos a tiros entre tucumanos que dejaron varios muertos.

Jorge Racedo, exjefe de la Policía durante aquellas jornadas, renunció a su cargo y se retiró luego del conflicto, aseguró que el por entonces gobernador José Alperovich estuvo al tanto de la situación desde el minuto cero. Según relató, el sábado 8 de diciembre de 2013 le informó al exsenador (que estaba en el Monumental viendo el partido que Atlético Tucumán le ganó a Sportivo Belgrano por la B Nacional) que había un grupo de policías y hasta dio los nombres de los instigadores. El gobernador lo derivó con el ministro de Seguridad, Jorge Gassenbauer. El exjefe implicó a varios funcionarios en la negligencia que derivó en el caos que vivió la provincia. Aparte del gobernador y de Gassenbauer, el exsecretario de Seguridad, Paul Hofer, y el ex fiscal de Estado, Jorge Posse Ponessa, participaron de instancias que podrían haber evitado el desastre. Este último le aseguró a Racedo que se encargaría de convocar a fuerzas federales, que llegaron con un retraso de muchas horas, cuando los saqueos ya habían sido consumados.

Asimismo, Racedo cuentó durante el juicio que se realizó en la provincia por la sedición policial, que eran alrededor de 200 los sublevados y que había “patotas de entre 15 y 20 policías de civil” que “recorrían las calles buscando los móviles del 911 para sacarlos de servicio”. Estos policías sublevados, que habían tomado la Subjefatura, estaban armados y borrachos, según su declaración. Es llamativo que 200 policías borrachos hayan logrado generar semejante situación cuando en la fuerza eran 5.000 agentes activos. Los 4.800 restantes gozaron del aumento salarial posterior conseguido por los “rebeldes”. El propio Racedo declaró que hubo quienes “hicieron la planchita para sacar provecho” mientras él era corrido a las pedradas cuando intentó negociar.

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