Presidenciales 2023: ¿llega el adiós definitivo al Frente de Todos y a Juntos por el Cambio?

Sectores dentro del oficialismo y la oposición alienta una radicalización de las posiciones ideológicas. Las coaliciones amplias, bajo máxima tensión

La crisis del oficialismo está a la vista y cuesta imaginar una vuelta atrás. No solo por el desgaste de los vínculos personales entre el Presidente y su vice, sino por las diferencias ideológicas respecto a la orientación del Gobierno.

El acuerdo con el Fondo Monetario solo contribuyó a profundizar las fisuras internas existentes. El regreso de Unidad Ciudadana como un bloque en el Senado de la Nación parece representar algo más que una estrategia para ganar una plaza en el Consejo de la Magistratura. El sello con el cual Cristina Kirchner se presentó en la provincia de Buenos Aires en las elecciones del 2017 regresa con contenidos explícitos muy alejados de algunas políticas que impulsa Alberto Fernández, particularmente las implementadas por el ministro de economía Martín Guzmán.

Hay quienes especulan que para las presidenciales del año que viene el margen de CFK para apadrinar otro candidato es nulo. Ya no habría espacio para otra experiencia de un poder vicario. Esas voces, cercanas a La Cámpora y el Instituto Patria, creen que «la Jefa» debe ser la candidata para unificar lo que nunca debió separarse: política y gestión. De lo contrario, por tibieza o deslealtad, los objetivos se diluyen.

«El margen de CFK para apadrinar otro candidato es nulo. Ya no habría espacio para otra experiencia de un poder vicario»

Desde esta perspectiva, la única manera de evitar otra equivocación no es estilizar el proceso de selección de presidenciables sino asumir que solo ELLA puede garantizar el proyecto. Descartan que durante los próximos meses el deterioro de los indicadores económicos esmerilará lo que aún resta del Frente de Todos, decantando naturalmente a la separación de bienes cuando comience el proceso electoral.El kirchnerismo no ve posible una reconciliación y ya reclama la postulación de Cristina.El kirchnerismo no ve posible una reconciliación y ya reclama la postulación de Cristina.

Juntos por el Cambio y una interna bajo presión

Del otro lado de la medianera, Juntos por el Cambio también ve crecer sus diferencias intestinas. Más allá de los duelos verbales entre sus dirigentes, la presión la ejerce el crecimiento en las encuestas de la figura de Javier Milei.

El libertario parece haber cruzado los límites de la testimonialidad para instalarse en el territorio de las posibilidades. Esto altera los ánimos de la principal fuerza de la oposición y divide las aguas entre quienes entienden que no hay posibilidad de acuerdo alguno con él y quienes lo miran como un posible aliado.

Entre los primeros se encuentran radicales y lilitos. Entre los segundos, el propio Mauricio Macri y muchos de los denominados halcones.

Rodríguez Larreta, pragmático si los hay, sabe que más allá de su vocación conciliadora, desde las huestes de «La libertad avanza» lo eligieron desde el comienzo como el prototipo de la tan denostada «casta». El apodo de «sombrilla Larreta» le recuerda al Jefe de Gobierno que para los liberales no es un comensal en la mesa de las coaliciones sino un plato del menú.

En tanto, en el círculo más cercano al ex presidente Macri son muchos los que creen que se podría prescindir de las palomas para hacer realidad el «segundo tiempo» de «el gato». Sueñan con un cara a cara entre el ingeniero y la abogada, una final sin intermediarios entre «la república y el populismo». Y no los asusta que se arme un intento de «neo camino del medio» entre los centristas desplazados de una y otra coalición.Macri, alentado por los partidarios del Macri, alentado por los partidarios del «segundo tiempo» y un posible acople con Milei.

Autodepuración y una inesperada convergencia

Esa pasión por la autodepuración los enlaza con los que ambicionan un tercer mandato de Cristina, que también creen doctrinariamente en la necesidad de soltar lastre para derrotar al neoliberalismo desde un progresismo auténtico.

Ambas trincheras coinciden, además, en la mirada pesimista de la macro para los próximos meses. Por eso coronan sus convergencias abonando el relato de que la moderación es sinónimo de mediocridad y continuismo, y la ruptura es el camino obligado después de haber fatigado zigzagueos y vacilaciones. Esperan dirimir en las urnas la pelea de fondo: la cuestión fiscal. Subsidios a la energía, renta inesperada, derechos de exportación y bienes sin declarar en el exterior son la punta del iceberg.

«Ambas trincheras coinciden en la mirada pesimista de la macro para los próximos meses»

Quienes fantasean con la batalla decisiva impulsan el sencillo principio de que el que pierda pague la cuenta. Un auténtico western impositivo, una remake argentina del multipremiado film de Joel y Ethan Coen «Sin lugar para los débiles». Aunque quienes son señalados como tales, los centristas, también comenzaron a imaginar un futuro de posibilidades. El asado antigrieta realizado hace unas semanas en la casa del salteño Juan Manuel Urtubey, que contó entre sus comensales al gobernador peronista cordobés Schiaretti, al mandatario radical jujeño Morales, al aspirante PRO del sillón entrerriano Rogelio Frigerio, al rosarino Pablo Javkin y los bonaerenses Randazzo, Monzó y Camaño, fue regado por el vino aportado por el anfitrión y por los sueños de habilitar un espacio que funcione como un ANSES electoral que jubile al macrismo y el kirchnerismo.

Confían que para ello solo alcanzará con entrar al balotaje. Claro que para materializar esos deseos deben superar la instancia cooperativa y encontrar un liderazgo. La etapa que viene demandará lo que hoy falta: una conducción clara y nítida de los asuntos públicos para enfrentar los desafíos de una agenda urgente.

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